La profesional rufinense, es una de los más de 100 médicos repatriados en la semana por el gobierno nacional. Ya desde su domicilio en Rosario nos cuenta su experiencia en el Hospital Materno Infantil San Juan de Dios de Barcelona. Adelanto de la nota que publicaremos en nuestra edición impresa del próximo sábado.

Cecilia Jofre tiene 29 años, es rufinense y trabaja en el área de Pediatría del Hospital Centenario de la Ciudad de Rosario. El pasado 27 de febrero, tras un año de intensas gestiones, cumplió su objetivo de viajar a Barcelona para desarrollar la Residencia de Rotación Especial en el Hospital Materno Infantil San Juan de Dios, desempeñándose en el área de Urgencias Médicas Pediátricas, donde permaneció hasta mediados de marzo, cuando se estableció la cuarentena obligatoria. «A partir de ahí me permitieron ir al hospital sólo dos veces. Fue muy duro no poder hacer nada, todo era un gran caos», nos cuenta.

La rufinense, que cursó sus estudios primarios en la Escuela 6031 y Secundarios en el Colegio Superior 50 – también fue canillita de Noticias-, se recibió de Médica en la Universidad Nacional de Rosario, fue una de los más de 100 profesionales repatriados por el gobierno nacional vía Surich durante la semana pasada. Hoy se encuentra cumpliendo su aislamiento obligatorio. «Quería volver para trabajar junto a mis compañeros», insiste, recordando que, más allá de lo vivido en los últimos días, el viaje fue muy enriquecedor. «Tenía mucha expectativa y me venía preparando desde hace un año. Lamentablemente, no terminó como esperaba, porque nos aislaron a todos en un departamento, era un caos total, especialmente por la incertidumbre. Hasta que el pasado viernes, nos informaron que el sábado a la tarde viajábamos a Surich  y desde allí a Argentina. Acá se tomaron las cosas distintas, hay mucha prevención y esos es bueno. Allá fue todo sorpresa y se tomó como que era una cosa de los chinos, que no podía llegar. Por día llegaron a infectarse 10.000 personas era toda una locura», nos cuenta, explicando que, si bien la enfermedad no afecta a los chicos, le tocó ver a más de una docena de pacientes de escasa edad afectados. «Lo más grave es ver que la Terapia Intensiva del Hospital Pediátrico era utilizada para internar a gente muy joven que se debatía entre la vida y la muerte. Es muy doloroso todo», planteó.

Tanto en el avión como a su llegada a Argentina se cumplieron con los protocolos preventivos. «Nos tomaron la fiebre y nos hicieron firmar una declaración jurada y de allí nos enviaron en colectivo a nuestros lugares de ailamientos. No veo la hora de que se cumplan los 14 días para volver a trabajar a la par de mis compañeros», concluyó.

Nota ampliada el próximo sábado en Noticias de Rufino